Porque fuiste muy grande y lo seguirás siendo…
POR EL RECUERDO: A la mejor persona que he conocido jamás
Hace ya casi 4 años escribieron este artículo para tí, abuela, la mejor persona que he conocido jamás, y ahora, para que tu recuerdo siga vivo y para que la gente sepa apreciar lo que hiciste, lo grande que fuiste, hacen una calle con tu nombre… día a día estás en mi mente, y lo seguirás estando siempre… Te quiero… siempre te he admirado, eres mi ejemplo a seguir:
Que había que imponer las impopulares contribuciones especiales para urbanizar el centro o para enterrar tuberias, ella nos trasladaba su opinión como mujer del pueblo que sabía sobradamente de economías de base, teniendo que tirar con esfuerzo, casi en solitario, de su numerosa y excepcional prole. Así encontrabamos la fuerza en su sentido común y nosotros inconscientemente veíamos en ella casi el papel de una madre. Tal era su naturaleza entre aquel colectivo humano que consideraba a Guadalupe algo especial, hasta el punto de tener el respeto de quienes no gobernaban entre aquella edilicia tan especial (quiero decir al ritmo de mis recuerdos que en aquella Corporación tan escasa de mujeres, un embarazo de Julita Ferreira, como ejemplo de aquel clima, lo llevamos un poco entre todos, con el mismo cariño que, igualmente, todos trataban a Guadalupe Alonso).
Los recuerdos se agolpan y discurren con la nitidez de una película en la que Guadalupe – mujer fuerte, arrolladora, ilusionada con los nuevos tiempos – contagiaba su carácter decidido, siempre con un sentido positivo de las cosas. La recuerdo una vez en un Pleno, en el que reivindicábamos unánimemente la reposición de la dignidad eclesiástica Metropolitana Emeritense, cuando por derecho y sin cortarse para nada, pidió que el primer Arzobispo de la Archidiócesis, con la que ya ilusamente contábamos, fuera el Canónigo Aquilino Camacho, que para eso era de la Comarca de Mérida. Y posiblemente tenia razón, pues sin duda la persona en cuestión tenia toda la altura intelectual para serlo.
La lucha de las mujeres por avanzar en sus derechos tuvo en Guadalupe una pionera excepcional y de hecho peleó animosa y altruistamente por ellos. No era fácil comprender entonces muchas cosas después de la larga dictadura, como no era fácil que una mujer decidiera caminar en política activa. No era la cosa oficio sino compromiso altruista y desprendido. Mas bien costaba dinero ese noble ejercicio. Ella, en esas condiciones tan primarias y sin recursos peleó por lo que creia era necesario, sabiendo que era ese su compromiso ineludible. Y cumplió con ese eslabón de la cadena que entonces se iba forjando para que otras-otros después siguieran haciéndola más fuerte.
Guadalupe ha partido al infinito y aquí nos ha quedado con su recuerdo. Ella camina con su humanidad, entre poderosa y tierna a la vez, buscando horizontes nuevos en los que poder rendir algun servicio entre la generosidad y la filantropía. Y exigirá que se le den trabajos ahora que puede hacerlos. Porque allí, en ese lugar confuso entre la luz y el ocaso, ella aún seguirá manteniendo viva, como una niña, su ingenua capacidad de sorpresa.
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